Mendoza, tradición y modernidad

 

El territorio de Mendoza es atravesado por ríos que acarrean agua de deshielo de Los Andes, como por ejemplo el Río Mendoza, que atraviesa la zona central de la provincia. Tiene un clima templado, semidesértico, con un alto grado de insolación (320 días por año en promedio) y precipitaciones que raramente superan los 200mm anuales. En síntesis, condiciones ideales para la maduración de los viñedos, que además dada la sequedad del clima, favorecen la salubridad de las cepas.

 

Los viñedos mendocinos se encuentran entre los 600 y 1.700 msnm. Sus suelos son pobres y permeables, pedregosos, arenosos y en menor grado franco-arcillosos. Las dos principales zonas de producción son Mendoza Central y el Valle de Uco.

Mendoza Central es la mayor y más tradicional de ambas. Comprende los departamentos de Maipú y Luján de Cuyo, y sus viñedos están a alturas de 750 a 1000 msnm. La mayor parte de las bodegas tradicionales se encuentran en esta zona, y casi todas poseen viñedos en la misma.

 

Maipú está en la zona alta del Río Mendoza, con clima más cálido y menor altitud, dando lugar a vinos con cuerpo, maduros y voluptuosos. Luján de Cuyo, a más de mil metros sobre el nivel del mar y más cerca de la cordillera, se beneficia de un clima más fresco, dando lugar a vinos con un mayor desarrollo aromático.

 

El Valle de Uco por su parte está ubicado al suroeste de la ciudad de Mendoza, en el pedemonte cordillerano. Es la zona de mayor crecimiento vitícola de los últimos años, impulsada por inversores externos y el trabajo de nuevas generaciones de enólogos. La altitud va entre los 900 y 1.700 msnm, el clima es más moderado que en la zona central, y con una gran amplitud térmica entre el día y la noche (llegando a 16º). Ello da lugar a una mayor maduración fenólica y desarrollo del potencial aromático de los taninos, obteniéndose vinos de mayor equilibrio alcohol-acidez, más frescos y elegantes.

 

Malbec, la cepa insignia

 

Las características más típicas de la cepa Malbec son su color violáceo profundo, con aromas frutales y florales intensos, texturas suaves y sabores muy definidos. Por otra parte es muy versátil, y se ha adaptado muy bien a los diferentes pagos argentinos. Puede adaptarse tanto a 

la idea del vino de crianza, con mucha concentración y profundidad de color, como a la del vino fresco en el que prima la expresión frutal, o el vino elegante en el que se privilegia la expresión del pago. 

 

La Malbec se expresa de diferente manera en cada región de Argentina, debido a los distintos climas, que determinan el nivel de maduración y su expresividad sensorial. De ese modo, en Luján de Cuyo muestra un enorme caudal frutal, percibiéndose frutos rojos, ciruelas, regaliz y 

especias dulces, que se traducen en un envolvente y opulento paladar. Por su parte, en el Valle de Uco la Malbec tiene una expresión más elegante, con mayor acidez, notas especiadas y florales como la violeta, toques minerales, y taninos más finos y sutiles. 

 

No sólo Malbec se cultiva en Mendoza

 

Más allá del predominio de la Malbec en las últimas décadas, Mendoza ha sido siempre un pago en el que la “cepa reina” Cabernet Sauvignon se ha desarrollado con toda su tipicidad. Con respecto a la Malbec, la Cabernet Sauvignon mendocina muestra colores más rojizos, notas vegetales y de frutos negros, con taninos más activos y texturas más austeras. Da lugar a vinos de mucha expresividad varietal, pero también ha resultado junto con la Malbec la base de los blends argentinos de alta gama. 

 

La Bonarda es la segunda cepa más plantada en Argentina, entre la Malbec y la Cabernet Sauvignon, y también ha sido Mendoza el pago en el que más se ha expandido. Es originaria de la región de Saboya (Italia), pero está demostrado que no es la tradicional Bonarda italiana del 

Piemonte. Se ha hecho usual llamarla “Bonarda Argentina”. Da lugar a vinos de color violáceo profundo, notas de frutos rojos, y cuerpo medio o ligero. Alcanzan su mayor expresividad cuando se elaboran con poco pasaje por barrica, y se beben relativamente jóvenes. 

 

Mendoza también ha sido escenario de expansión de la Syrah, una cepa tinta tradicional proveniente del Ródano francés. Contrastando con los Syrah provenientes de climas más cálidos (en la provincia de San Juan se expresan concentrados, maduros, carnosos y embriagadores), los Syrah cultivados en zonas más elevadas como Luján de Cuyo y el Valle de Uco son más lineales, tensos y frescos, con notas especiadas y minerales, con más estructura tánica y potencial de guarda. 

 

La Pinot Noir (tinta) y la Chardonnay (blanca), dos cepas originarias de la Bourgogne (Francia), han sido la base de la elaboración de espumosos mendocinos desde hace años. No obstante, en la última década han dado lugar a vinos tranquilos que rescatan sus características varietales más originales, en particular en las zonas más altas de Mendoza, como el Valle de Uco.