La Rioja

 

Situada en el norte de España, a ambos márgenes del río Ebro, la D.O.Ca. Rioja es la denominación de origen más conocida y tradicional de España, demandada e identificada con un patrón clásico de calidad por la mayor parte de consumidores nacionales e internacionales. Es junto con el Priorat, la única denominación de origen calificada, lo que la coloca en un peldaño superior de exigencia con respecto a las demás.

 

Con casi 62.000 hectáreas de viñedo, Rioja es un territorio extenso (una de las regiones vinícolas españolas más importantes por cifras de producción y comercialización) y tremendamente complejo. En la actualidad, ofrece mayor diversidad que nunca en lo que se refiere al estilo de sus vinos y, de hecho, cada vez es más difícil hablar de un rioja tipo. De la misma manera, en Rioja conviven multitud de filosofías de elaboración y tipologías de bodegas.

                         

En la Denominación de Origen Calificada Rioja se distinguen tres sub zonas. La Rioja Alta, de suelos ferro-arcillosos, comprende los viñedos situados en el área más occidental de la denominación y en la margen derecha del Ebro, más los de la Comunidad de La Rioja que quedan en la margen izquierda del río. Los viñedos de la provincia de Álava, de suelos calizo-arcillosos, todos ellos en la margen izquierda, conforman la Rioja Alavesa, mientras que Rioja Baja, de suelos fundamentalmente aluviales, incluye toda la zona oriental más o menos desde Logroño e integra los municipios navarros acogidos a la D.O. Las diferencias pueden ser muy grandes entre los extremos.

 

Climáticamente, la región se ha descrito como un cruce de influencias atlánticas y mediterráneas. En la actualidad, muchos elaboradores utilizan los términos “atlántico” y “mediterráneo” para referirse al estilo de las cosechas en Rioja. El primero para añadas frescas que dan vinos más elegantes y longevos. El segundo para años más cálidos que se traducen en vinos más maduros y de consumo más inmediato.

Estas variaciones han servido tradicionalmente para armar un rioja tipo que busca el equilibrio sirviéndose de uvas de distintos lugares de la denominación.

 

Las variedades autorizadas a día de hoy son, principalmente, las tintas tempranillo, graciano, mazuelo y garnacha, y las blancas viuda, malvasía y garnacha blanca.La tempranillo es la base de los tintos riojanos. Su perfil es netamente frutal, con expresión de frutos del bosque y cerezas, y con una tímida acidez debido a su maduración temprana. Por cierto, su maduración de produce normalmente en la primera semana de septiembre, mientras que las otras cepas maduran usualmente en octubre. De ahí su nombre.

 

A diferencia de lo que ocurre en la Ribera del Duero, en la Rioja la tempranillo rara vez va en solitario en la botella. Los riojas pensados para durar en el tiempo se han acompañado habitualmente de mazuelo (denominación “riojana” de la cariñena) y/o graciano, la primera proporcionando acidez y taninos, y la segunda aromaticidad y perfume. La garnacha por otro lado, aporta su frutosidad en los tintos más amables de las bodegas clásicas, que se solían presentar en botella borgoña.

 

En algunas zonas de Rioja la tempranillo sí se ha trabajado en solitario en la botella, como ocurre en el área de San Vicente de la Sonsierra o de Laguardia y más aún si hablamos de elaboraciones modernas.

 

¿Cuántos riojas? En la actualidad conviven en la denominación vinos de todo tipo y condición.

 

Los vinos de Rioja presentan dos estilos extremos muy claros: el clásico y tradicional frente al moderno y de vanguardia. El primero muestra vinos de crianza prolongada, elegantes, sutiles y complejos. El segundo muestra vinos más opulentos y de expresión frutal más intensa.

En líneas generales, los riojas más tradicionales y los que se consideran clásicos en general, en mayor o menor medida han vivido su particular renovación, a menudo creando una gama paralela de vinos modernos.

 

Definitivamente (y ésta tendencia es de ámbito internacional), el péndulo se está moviendo hacia una búsqueda de la elegancia y la armonía, independientemente del estilo de que se trate. Los modernos más típicos derrochan finura y combinan concentración, frescura y una cierta dimensión aromática que refuerza ese carácter elegante.

 

Quedan aún, sin embargo, tintos extremos que apuestan por concentraciones masivas, altas maduraciones y abundante uso de barricas nuevas en los que el estilo se impone claramente sobre el terruño y el origen.

 

Algo parecido ocurre en las gamas medias donde encontramos todo el abanico posible desde los tintos más ligeros y marcados por el envejecimiento en barrica a otros con más presencia de fruta.