El viñedo de Jumilla está situado en una altiplanicie rodeada de montañas y se extiende desde los 400 a los 800 metros en la zona norte de Murcia y una pequeña parte del sureste de Albacete. Es una región agreste, de clima continental y extremadamente seco, que obliga al cultivo de secano. Se obtienen rendimientos moderados y es necesario jugar con factores como la altitud para alcanzar niveles mínimos de acidez y frutosidad de la uva.

Los suelos de Jumilla son calizos, pobres en materia orgánica, y poseen una textura franca y franco-arenosa que les confiere una buena aireación, lo que permite subsistir a las viñas en condiciones de sequía prolongada, aprovechando bien el agua disponible.

 

Todo lo anterior unido a un porcentaje relativamente alto de cepas viejas y a la personalidad y perfecta adaptación al terreno de su uva mayoritaria, la Monastrell (representa el 80% del viñedo), la uva mediterránea por excelencia, perfectamente adaptada al clima extremadamente árido y cálido de la región.

 

La Monastrell es originaria de España, y su cultivo se extiende por toda la costa mediterránea, desde el Levante hasta el Ródano francés, donde toma el nombre de Mourvèdre. En Jumilla da lugar a vinos potentes, tánicos y con altos niveles de alcohol, a veces excesivos. El reto para los elaboradores es conseguir vinos equilibrados, con niveles mínimos de acidez que les den frescura, y evitando que la sobre-maduración le quite frutosidad y complejidad a los caldos. Cuando la elaboración es exitosa, se obtienen vinos maduros, carnosos y redondos, con una agradable frutosidad y frescura (balsámica en los vinos de crianza), lo que les da una marcada personalidad.

Jumilla, el reino de la Monastrell

 

Mientras que el litoral mediterráneo de Murcia se puede decir que es la “huerta y el pesquero de España”, en su interior casi desértico ya se cultivaban vides en el período neolítico. El municipio de Jumilla es el centro tradicional de esa actividad, y le da nombre a una región que comprende unas 40.000 hectáreas de viñedos entre las provincias de Murcia y Albacete.

 

Hasta hace pocos años los vinos de Jumilla se caracterizaban por ser vinos robustos, de cuerpo, con alta graduación alcohólica, carentes de frutosidad y aromas. En la última década la región se ha transformado en una denominación de origen emergente, por la marcada evolución que han mostrado sus vinos.