Catalunya

 

La Denominación de Origen Catalunya entró en vigor en 1999 con el fin de abarcar a todos aquellos vinos elaborados en el territorio de la comunidad catalana, pero no específicos de las denominaciones de origen existentes hasta entonces. También ha dado cabida a vinos singulares que se elaboran fuera del ámbito de una denominación o con una filosofía de no estar sujetos a las reglamentaciones en ocasiones rígidas de las DO.

 

Reúne cerca de 50.000 has de superficie vitícola repartida en más de 300 municipios de Catalunya donde la viña se ha cultivado tradicionalmente, llegando a ser un elemento característico e inherente de sus paisajes, de la dieta de sus habitantes y de su cultura.

                                                         

Introducida por los fenicios y los griegos mediante el comercio a través del Mediterráneo, la viña se implanto en Cataluña en el siglo IV aC, alrededor de la metrópoli griega Emporium (la actual región del Empordà). Se siguió desarrollando durante el Imperio Romano, hasta su caída en el siglo V dC. La invasión de los pueblos bárbaros y musulmanes provocó que la viña se dejase de cultivar en los siglos VI, VII y VIII dC. Luego de finalizado el dominio musulmán, en las tierras catalanas reconquistadas, los frailes cistercienses construyeron importantes monasterios, volviendo a cultivar la viña en sus alrededores y a elaborar vino en sus bodegas.

 

De los alrededores de los monasterios, la viña se extendió por toda la geografía meridional catalana, llegando a ser a mediados del siglo XVIII la principal fuente de ingresos de los campesinos catalanes, y uno de los principales motores de su economía, pues los vinos, mistelas y aguardientes catalanes eran exportados a los mercados ingleses, y a las colonias de ultramar, llegando a ser el primer capítulo de las exportaciones catalanas.

 

A finales del siglo XIX, en Cataluña estalló el movimiento artístico que aún hoy nos maravilla, el Modernismo. Arquitectos de la talla de Gaudí (1852-1926), César Martinell (1888-1973), Doménech i Montaner (1850-1923), Puig i Cadafalch (1867-1956) construyeron bodegas auténticas obras de arte, como las bodegas cooperativas de Pinell de Brai, Falset, Gandesa, Nulles, L’Espluga de Francolí, Rocafort de Queralt, Sarral, llamadas las Catedrales del Vino, dignas de ser visitadas.

 

Pero la viticultura en Cataluña no es solamente historia sino también modernidad, con la aplicación de los métodos de producción y tecnologías más avanzadas en la viña y en la bodega.

 

La DO Catalunya tiene globalmente un clima mediterráneo, con muchas horas de sol, con inviernos secos y templados, y veranos no demasiado calurosos. La primavera y el otoño acostumbran a ser las estaciones más inestables y lluviosas. En la costa, el clima es más suave y templado. El interior, alejado del mar, presenta un clima continental mediterráneo, con inviernos fríos y veranos muy calurosos.

Los suelos predominantes a la DO Catalunya son de naturaleza calcárea, pobres en materia orgánica y de textura media.

En total, la DO Catalunya tiene autorizadas 35 variedades de uva para la elaboración de sus vinos.

 

Entre las variedades de uva blanca están la albarinho, chardonnay, chenin, garnatxa blanca, gewürztraminer, macabeu, malvasia, malvasia de Sitges, moscatell (de Alexandria y de Frontignan), parellada, Pedro Ximénez, picapoll blanc, riesling, sauvignon blanc, sumoll blanc, xarel·lo, viognier y vinyater.

 

Entre las variedades de uva tinta hay cabernet franc, cabernet sauvignon, garnacha negra, garnacha peluda, garnacha roja (garnacha gris), garnacha tintorera, merlot, monastrell, petit verdot, picapoll negro, pinot noir, samsó (cariñena), sumoll, syrah, trepat y tempranillo.

 

La DO Catalunya ampara vinos blancos, rosados y tintos. Estos pueden buscar la máxima expresión de la uva, mediante la fermentación en tinas de acero inoxidable y bajo un estricto control de la temperatura. O bien, presentar notas características de la crianza en roble, que a la vez, enriquece en complejidad. Podemos encontrar crianzas, reservas y grandes reservas, con un tiempo en barrica, en el caso de los vinos tintos, de 6, 12 o 24 meses, un período de envejecimiento total de 2, 3 o 5 años respectivamente.

 

En términos generales son vinos de corte moderno e innovador. De color atractivo, con una intensidad aromática media-alta, más o menos estructurados en función del rendimiento productivo en viña, de acidez moderada y un final que invita a seguir consumiéndolos.